Los estrategas de La Moneda ven con ojos ambiciosos el retrato del mandatario rodeado de timoneles y expertos de colectividades del oficialismo y la oposición.

Patricia Ryan. Periodista. 26/05/2020. Se parece, en parte, a lo que sucedió con el anuncio de la repartición de 2 millones y medio de cajas con alimentos. El llamado a un “acuerdo nacional” del Presidente Sebastián Piñera no estaba diseñado, los contenidos no estaban resueltos y las exploración de posibles sumatorias de colectividades opositoras no estaba hecha.

Por tanto, recién este martes se comenzaron a aterrizar algunas ideas y diseños sobre la pretensión del gobierno, donde queda claro centralmente, al menos un elemento: que Piñera sigue apostando a la estrategia del “acuerdo” o del “pacto” para meter al oficialismo y a parte de la oposición en su agenda. Es obvio que los estrategas de La Moneda ven con ojos más que ambiciosos el retrato del mandatario rodeado de timoneles y expertos de colectividades del oficialismo y la oposición dando el vamos a un “acuerdo nacional” promovido por Piñera y la derecha.

Algunos ministros hablaron de que el acuerdo podría delinearse para unos dos años y con márgenes “acotados”, y aunque no se conocen contenidos precisos que tendría, se habla de concordar en medidas en el plano económico y de estrategias para encarar la pandemia del coronavirus.

Pero va quedando claro que, al final de cuentas, se trata de confluir en la agenda oficial, ya que La Moneda se abriría a aceptar algunas propuestas y opiniones dentro de lo que está siendo el marco de sus decisiones. Nadie sabe al inicio de esta situación qué pasará, por ejemplo, con decisiones concretas de endeudamiento, modificar los mecanismos de apoyo a las Pymes, decretar un impuesto para los sectores multimillonarios del país, financiar la entrega directa de recursos a las familias. Está el tema laboral donde hay serias diferencias de varios partidos y parlamentarios de la oposición con las autoridades.

El gobierno está repitiendo esta fórmula del acuerdo o el pacto como lo hizo durante el estallido social, siempre resaltando aspectos más retóricos y comunicacionales que de puntos precisos y tangenciales. Hasta ahora, desde octubre de 2019, salen del mandatario y sus ministros eslogan como “la unidad nacional”, “enfrentar todos unidos” una situación determinada, pero al final con desacuerdos importantes como cuando el gobierno se cerró tajantemente a aumentar el monto del Ingreso Familiar de Emergencia y demoró obstinadamente el declarar cuarentenas extendidas al inicio de la expansión de la Covid-19.

Se vuelven a repetir situaciones como instalar perentoriamente que debe haber “acuerdo nacional”, sin que se conozcan los contenidos. Se define los primeros pasos en reuniones de los presidentes de partidos de la derecha con el Presidente Piñera, como ocurrió el fin de semana recién pasado, y se busca comenzar el diseño en reuniones del Comité Político de La Moneda.

Además de volver sobre factores como pedir “condena la violencia” que en verdad busca la condena a la protesta social. Un ministro dijo este martes que  “partimos de la base de que todos quienes quieren conversar democráticamente asumen un supuesto tan esencial que es rechazar la violencia y comprometerse muy profundamente con la paz social”.

De nueva cuenta, como en el acuerdo tomado por el gobierno, la derecha y sectores de la oposición en medio del momento más alto de la revuelta social de 2019, se deja fuera a representaciones del movimiento social, sindical y de la sociedad civil. Esto parece no cambiar en lo que serán los pasos que vienen, circunscribiendo el “acuerdo nacional” probablemente al gobierno, los partidos de la derecha, la ex Concertación y algunas colectividades del Frente Amplio.

Ya el Partido Comunista indicó que no está disponible a un acuerdo mientras no se conozcan sus contenidos y se considere la representación del mundo social. Otras organizaciones políticas podrían seguir esos pasos. Se plantea, por cierto, que si se trata de tomar medidas y resoluciones en el plano económico, de salud, empleo y otros temas, se puede materializar en el Congreso Nacional vía proyectos y trabajo legislativo, sin necesidad de llegar a este tipo de acuerdo que, por lo demás, integra solo a una parte de la representación política del país.

Habrá que ver, por cierto, la recepción que podría tener un “acuerdo nacional” como el que busca el oficialismo y al que se sumarían sectores opositores, en la sociedad civil, en los sectores sociales donde hoy se activa la protesta, en las organizaciones sindicales, en el mundo de los colectivos territoriales y, en definitiva, en la base social opositora.

Por el momento, desde el Partido Socialista, el Partido por la Democracia y la Democracia Cristiana se inclinaron por abrir diálogos y explorar la posibilidad del acuerdo. En la derecha, si bien hay consenso en sacar adelante esta idea, que no es del todo de Piñera, se producen divergencias que podrían entorpecer diseños y puntos a concretar, cuando la Unión Demócrata Independiente insiste en llegar a convenios primero dentro del sector, al tiempo que desde Renovación Nacional conversan y buscan coincidencias con colectividades de la ex Concertación.