La llegada de buques de Irán a Venezuela. Las relaciones pos pandemia a nivel global.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 24/05/2020. Durante la tarde del sábado recién pasado el petrolero Fortune, bajo bandera de la República Islámica de Irán, llegó a aguas venezolanas, transportando petróleo y alquilato, siendo la avanzada de un convoy de cinco embarcaciones, que llevan a la nación sudamericana más de 1,5 millones de barriles de combustible, mostrando que “los vínculos de amistad entre Irán y Venezuela son fuertes y profundos” , según el comunicado de la embajada iraní en Caracas, en tanto el ministro venezolano del petróleo, Tareck El Aissami calificaba el hecho como una “cooperación energética” que apunta al desarrollo integral en beneficio de los pueblos de ambos países. Las dificultades venezolanas se originan en la coerción unilateral ejercida contra el pueblo venezolano por el gobierno de EE.UU, el cual incluso amenazó con impedir militarmente el arribo de la solidaridad de Irán, desplegando de conjunto con británicos y holandeses barcos de guerra como medida intimidatoria. La intensificación de la agresión estadounidense a Venezuela certifica en lo puntual el fracaso de los intentos “políticos-diplomáticos” por derrotar el proceso de revolución bolivariana iniciada por el presidente Hugo Chávez, pero también da cuenta de la persistencia de la mal llamada doctrina Monroe, precepto mediante el cual este gobernante en 1823 declaró la voluntad de EEUU de no permitir la intervención de potencias europea en los nacientes procesos independentistas de las naciones americanas, la cual deformada se aplica como la subordinación de los países de América a los dictados de Washington.

Los efectos de este predicamento imperial los ha sufrido Cuba a lo largo de las últimas seis décadas y fue también esta doctrina usada por Nixon contra el pueblo de Chile cuando propició el derrocamiento del presidente Allende. En la reciente reunión del 8 de mayo del Foro de Sao Paulo se llama a perseverar en la campaña SOLIDARIDAD SÍ, BLOQUEO NO, manifestando preocupación por “el tema de la paz en América Latina y el Caribe, especialmente focalizando la situación en las amenazas al pueblo hermano de Venezuela”, lo cual es congruente con la declaración general que señala que ante la: “grave situación en que se encuentra la  totalidad de la población mundial, en términos de salud y por la crisis económica que se ha desatado, reclamamos a todos los gobernantes…mantener la paz, desacelerando los conflictos armados existentes y evitando el surgimiento de cualquier otro”. Esta búsqueda de paz, dada la crisis sanitaria económica mundial, encuentra oídos sordos en el camorrista actual presidente de EE.UU. quien ha sumado un elemento más al ya convulso panorama internacional al anunciar con su fanfarronería acostumbrada el  retiro del Tratado de Cielos Abiertos, en vigor desde el año 2002, que compromete la voluntad de 34 países. Este retiro se suma a otras dos medidas pro-belicistas  de la administración Trump, como la salida del acuerdo internacional sobre el Programa Nuclear de Irán y la desafectación del Tratado INF  sobre misiles nucleares terrestres de alcance medio.

La actual pandemia también ha generado un conjunto de hipótesis sobre el tema de la globalización post-pandemia; desde aquellos que hablan que llegó el momento de un gobierno universal, reforzando y empoderando a las organizaciones internacionales, a los que en contrario prevén el término de la globalización y el resurgimiento de lo nacional como elemento fundante de un nuevo orden. Lo cierto es que si quisiésemos representar la actual distribución del poder mundial desde la perspectiva de las naciones, deberíamos pensar en un poliedro con cuatro caras: EE.UU, China, Federación Rusa y la Unión Europea. Quedó como aspiración frustrada la intención estadounidense, al término de la guerra fría, de ser la única potencia rectora de los destinos del universo. Hoy el multilateralismo se impone. De conjunto con estas cuatro potencias, decisoras hoy, aunque todas susceptibles de análisis particulares predictivos de cuál es su proyección (por ejemplo la consistencia de la Unión Europea, tironeada por la reaparición de nacionalismos) es interesante observar el surgimiento de potencias en crecimiento que pueden desplazar los ejes de poder en un mediano plazo. Por recursos y población, India, Sudáfrica, el mismo Irán, el hoy castigado Brasil, entre otras, son naciones con perspectivas de asumir roles internacionales más significativos.

Si hay algo que es acuerdo universal es que producto de la actual pandemia se agudizarán muchos de los ya presentes conflictos o situaciones no resueltas, partiendo por la muy desigual distribución de la riqueza entre las naciones y al interior de estas, existiendo zonas ricas en recursos naturales donde su población sufre agudos grados de pobreza, como África o nuestra América Latina, que se ha convertido en epicentro de la transmisión del Covid-19. Agréguese el tema de medio ambiente asociado fuertemente a la escasez hídrica, las corrientes migratorias y la expansión del narcotráfico, como temas que requieren un tratamiento multilateral. De allí la necesidad que países como el nuestro tengan una política internacional que vaya más allá del pálpito del gobernante de turno. En nuestro caso, generar mecanismos de integración real entre nuestros países en América Latina,  incluso por sobre las diferencias ideológicas de los gobernantes, es un requerimiento de futuro. De allí que actuaciones como las del presidente Piñera en Cúcuta, no sólo provocan aversión por lo ridículas, sino además por ser atentatoria a la soberanía nacional, al seguir subordinando el interés patrio a los dictados de una potencia extranjera. Para que nadie dude de lo inepto de este gobierno y no sólo para enfrentar esta crisis sanitaria, el canciller del señor presidente solicita a la representación diplomática de la República Bolivariana en Chile que agilice los trámites que aseguren el retorno de ciudadanos  venezolanos a su patria. Este canciller fue el mismo que dijo que Chile reconocía a un tal Guaidó como presidente de Venezuela. La RAE define la necedad como “ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber”.