La democracia representativa y el modelo económico-social deben ser superados, por mayorías para lo cual se requiere de una correlación de fuerzas hacia sectores populares.

Fernando Bahamonde

Profesor       

Punta Arenas. 24/05/2020. La ciencia política surge producto de la compartimentación de las ciencias sociales, que aísla la política de la economía y otras esferas de la existencia social, por tanto, generando lo que se denomina un sistema. El análisis tradicional de la política surge desde la perspectiva de la supremacía de una democracia representativa liberal, en el entendido que existen representados y representantes, gobernados y gobernantes.

Regularmente un sistema político y de partidos nace una vez que se ha consolidado previamente un grupo dominante que ha impuesto el capitalismo que adquiere la forma particular que requiere este grupo para preservar sus intereses en un territorio que está bajo su dominio. Para lo cual se impone un sistema electoral que irá mutando en el tiempo restringiendo o abriendo espacios de participación y de representación.

El siglo XX en Chile; luego de la caída en 1931 de Carlos Ibáñez del Campo por efecto de la estructura económica del país, el coletazo de la crisis de 1929 y el autoritarismo de su gobierno, se constituyó un sistema de partidos políticos. Caracterizado nítidamente por la derecha que es la extensión decimonónica con liberales y conservadores, el centro en un primer momento el Partido Radical y grupos menores, y una izquierda institucionalizada en el “sistema” político con fines transformadores con los partidos Comunista y Socialista.

Los partidos Liberal, Conservador y Radical nacen fruto del eje diferenciador del siglo XIX sobre el rol de la iglesia. Sin embargo, la izquierda del siglo XX y en especial el PCCH emerge por la división de clases y la toma de conciencia de amplios sectores de trabajadores de su rol histórico en sociedad por el efecto maremoto global que provocó el triunfo de la Revolución Bolchevique de 1917. A su vez, la Democracia Cristiana tendrá un rol amortiguador entre la derecha y la izquierda en un esquema de “pluralismo extremo polarizado” que se desarrolló hasta 1973, sin embargo, este partido en momentos de mayor polarización y lucha clasista terminará volteando la balanza hacia la derecha.

En rigor un sistema de partidos políticos nace de rupturas profundas dentro de una sociedad lo que configura un escenario distinto, una suerte de acomodo donde parte de la realidad social se canaliza institucionalmente ajustando un nuevo orden a efecto de un nuevo flujo electoral por consecuencia de la crisis económico-social. Esta operación supone que el sistema anterior compuesto por el régimen político, sistema electoral, tejido jurídico institucional y partidos políticos cae, para que se configure otro. Al mismo tiempo, el nuevo esquema requiere legitimidad lo que lo hará representativo y presume la existencia de partidos de masas que operan como correas transmisoras entre clases, grupos o estratos sociales con la institucionalidad.

No obstante, en el Chile actual, tenemos varios supuestos para que emerja un sistema político robusto. Primero, que la crisis decante que en efecto puede hacerlo como una oportunidad de una nueva representatividad y con espacios crecientes de participación o, muy por el contrario, se despliegue como tragedia.

La oportunidad implica la coherencia y correspondencia entre lo político y lo social. Para lo cual deben existir partidos que posean la voluntad de superar el modelo económico-social vigente y capaces de abrir espacios para una nueva representación y participación que canalice a sectores hasta ahora postergados, algunos con orgánicas incipientes y otros completamente desorganizados. Por otra parte, las organizaciones sociales diversificadas, deben lograr unificar demandas y asumir que la única alternativa es una salida política. Ejercicio en sí que no es fácil por la total pérdida de confianza hacia la política como medio de acción colectiva.

Una tendencia visible las últimas décadas es la composición de los movimientos sociales integrados por antiguos militantes desencantados de los partidos de izquierda y por grupos o colectivos universitarios. Han tenido predisposición para recorrer el camino propio que ha terminado por fragmentar las demandas estimuladas por conceptos como autogestión, independencia y autonomismo que terminan por limitar la participación política. Este tipo de fragmentación es propia de los enfoques caleidoscópicos de la realidad en su penosa versión posmoderna que pierde de vista de la totalidad y reciprocidad de lo económico, político y social.

Este proceso se ha configurado paralelamente a la corrupción y descomposición del sistema político formal y finalmente estos grupos se muestran como apolíticos lo que ha permitido el triunfo electoral de la derecha y no han sido capaces de constituirse como una alternativa, puesto que sus orgánicas y sus dinámicas son frágiles agotándose en la mera movilización y que termina por ser funcional a los discursos y medidas más autoritarias de la derecha hoy en el gobierno.

En la inseguridad que produce la crisis perfecta que vive nuestro país, una sola certeza podemos tener y es que la sociedad que encontremos saliendo del encierro será otra con mayor pobreza y desconfianza. Políticamente, puede implicar el colapso del sistema de partidos políticos tal cual lo conocemos al constituirse una clausura operacional del sistema político institucional ya que las fuerzas en pugna deben medirse en octubre a través del plebiscito constituyente. Cerrar esta vía como lo desea la derecha significará la acumulación de fuerzas que de no ser canalizadas electoralmente estallaran con desesperación lo que provocará una mayor represión por parte el gobierno.

La democracia representativa chilena y el modelo económico-social deben ser superados, pero por mayorías para lo cual se requiere el desplazamiento de una correlación de fuerzas hacia los sectores populares para ocupar y transformar la esfera del Estado.  El colapso del sistema político obligará al descuelgue de parlamentarios de sus partidos buscando una futura reelección, incluso a llevará a la mínima expresión electoral a históricos partidos y al reordenamiento nuevas de alianzas para preservar mantener el modelo y su poder o para transformarlo. La descomposición final encierra la posibilidad cierta de salidas autoritarias y caudillistas del tipo “cesarista” donde la política es cosa de individuos auto proclamados como nuevos mesías.