“Hombres de las estrellas” (Card Enal)

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Mariano Puga…Siempre obrero, pobre, cura obrero, pobre como los pobres, desamparados, olvidados, humillados.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

11/03/2020. Anacoreta. Cisterciense. Poeta nicaragüense, volvió al universo amplio, transparente, envuelto en cenizas dormidas, solitarias. Ahora, habita un mundo constelado, sin espacio ni tiempo, noche invisible, pastor que cuida las estrellas. Ernesto Cardenal, eximio protagonista de una poética exegética. Amor epigramático. “Esta será mi venganza. Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso. Y leas estas líneas que el autor escribió para ti. Y tú no lo sepas”. Muerte emocionante, “siempre presente”. Muerte cultivada, semillas florecientes. Muerte monacal. Vate, adalid del pueblo oprimido por la sangrienta dictadura somocista, “de pronto suena en la noche una sirena, de alarma, larga, larga. Es Somoza que pasa”. Era la Muerte. Organizó con fervor incansable un neo humanismo, un esfuerzo histórico del progresismo católico para consolidar “un socialismo latinoamericano que promueva el advenimiento del hombre nuevo”. Ernesto Cardenal  fue un humano justo, un egregio intelectual, un demiurgo original. Cardenal, revolucionario de izquierda, poetizó versos purificadores a Nicaragua y a nuestra menesterosa, explotada América Latina. Sus palabras denotan ideales esperanzadores, populares. La muerte del rapsoda es la muerte de un hombre prodigioso, silencioso, poeta majestuoso. Regresó a las estrellas a escribir su último verso cardinal, verbo eterno, valioso.

Tiempo lejano. Conocí a un sacerdote cristiano, cualquier día sábado, a inicios de cualquier otoño, cualquier año lejano, férreo defensor de los derechos humanos violados por la insana dictadura, hoy también mancillados por el gobierno capitalista, ufano. Siempre obrero, pobre, cura obrero, pobre como los pobres, desamparados, olvidados, humillados.

Abandonado por sus pares. Hermanos. Hombre sencillo, humilde, poseedor de una gran capacidad para discernir entre su realidad exterior y su realidad interior. Enfrentó al tirano con valentía, signada por su consecuencia religiosa. Terminar con la injusticia para lograr una vida más humana y más digna es una tarea que seguirá emprendiendo con palabra caritativa, solidaria, liberadora, evocativa. Conversamos un par de horas, diálogo fraterno, en el hogar de un amigo cercano. Por aquellos misterios de la vida compartimos un viaje, jubiloso, cotidiano, a la lejana ciudad de las sombras, en la tierra del sol. Se reunía con el cura peruano dominico Gustavo Gutiérrez, iniciador de la Teología de la Liberación. Esa fue la primera y última vez que hablé con ese cura que calza sandalias pobres. El sacerdote cristiano, bondadoso, áurico, es Mariano, Mariano Puga Concha. Para un no creyente fue un honor conocer a Mariano. Mariano el bueno. Nunca olvidado. Tiempo triste. Tiempo levantisco. Tiempo de esperanza.

 

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