Persiste en plantear como único mecanismo de salida a la crisis social y política que hoy atraviesa Chile, a tra­vés del uso de la violencia institucional del Estado.

 Pablo Monje-Reyes

Miembro de Comité Central Partido Comunista

 09/03/2020. Durante todo este tiempo, la derecha terca y testaruda persiste en plantear como único mecanismo de salida a la crisis social y política que hoy atraviesa Chile, a tra­vés del uso de la violencia institucional del Estado. Y ello es; más represión y la eventual ins­ta­lación del estado de excepción constitucional con militares en las calles reprimiendo al pueblo mo­vilizado. Historia conocida en nuestro país. Más aún, y por enésima vez, con la complicidad so­la­­pada de los sectores de la socialdemocracia o lo que fuera la dirigencia principal de la ex-concertación, complicidad que para ellos tuvo 24 años de fructífero y jugoso maridaje.

Las razones que explican por qué optan por esta deleznable manera de terminar con el conflicto so­cial son básicamente las siguientes: una derecha totalmente acorralada en su discurso conserva­dor y empecinada en proteger la arquitectura constitucional del modelo neoliberal que tan bue­nos dividendos le ha traído al lumpen empresariado chileno. Empresariado que es hegemónico en todo el quehacer de la economía chilena. Empresariado rentista que solo sueña con tener más y más riquezas, y que no muestra ni el más mínimo atisbo de pensar el desarrollo del país en for­ma integral, ni menos, pensar a Chile desde sus desafíos como sociedad que quiere y ne­ce­si­ta modernizarse con justicia e igualdad social.

En general, la derecha política y económica chilena está constituida por una élite deplorable, mar­ginal y culturalmente desprovista de todo tipo de valores éticos y criterios democráticos para in­tegrarse a un proyecto común de país. Eso lo ha demostrado desde siempre, por ejemplo, desde el minuto cero del golpe de estado en el año 1973, en que ufanos y soberbios cantaban las hi­rien­tes y chabacanas tonadas de los Huasos Quincheros, mientras el pueblo se desangraba en las mazmorras de Chile cuando la patria fue un gigantesco campo de prisioneros políticos ¿qué más marginal y repugnante que esa muestra “cultural”?

Esta marginalidad ramplona abarca inclusive a su máximo representante político, el Presidente de la República, quién recientemente y en el marco de la promulgación de la “Ley Gabriela” (norma­tiva que amplía el concepto de femicidio si este ocurre dentro del noviazgo), se mandó el siguiente exabrupto “A veces no solamente es la voluntad de los hombres de abusar, sino también, la posición de las mujeres de ser abusadas”. Claramente, muestra un feroz nivel de misoginia, ignorancia y de violencia contra las mujeres. Esto ratifica y muestra la tendencia histórica de la derecha conservadora y violenta en todos los planos de la vida, en su dimensión ética, social, cul­­tural y política de nuestra sociedad.

La derecha instalada en el poder político es torpe y abusadora. Cree en la palabra de la violencia ac­tiva del Estado en todas sus formas y en todos sus modos de aplicarse. Cree en el discurso de la fuerza, en el uso de las balas y de la bota militar, y lo hace sólo con el fin de atrincherarse en el poder y mantener a salvo sus fortunas, élite de privilegiados que siempre han sido pocos, hasta el día de hoy, un 1% de la población, realmente una casta de privilegiados indolente y omnip­o­ten­te. La única de­­­mocracia que les interesa es la democracia de sus intereses y conveniencias, la libertad para sa­­quear, coludirse, corromper y apropiarse de los derechos ajenos en provecho mezquino y pro­pio. Por otra parte, una democracia de derechos sociales, de bienestar, solidaria, inclusiva y par­ti­­cipativa, esa democracia, simplemente no les interesa ni por asomo.

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