El mal llamado acuerdo del siglo representa las intenciones sionistas e imperiales; se han puesto de acuerdo para declarar formalmente, su intención de entregar a Israel los territorios ocupados.

Oswaldo Espinoza. Alainet. 01/2020. La situación Palestina/Israel, tan insistentemente presentada por la mediática internacional como un conflicto histórico/religioso de origen milenario entre fanáticos árabes fundamentalistas y el pueblo elegido de Dios, oculta a los ojos del mundo la realidad de un cruento proceso de colonialismo de ocupación que tiene entre sus propósitos fundamentales la expulsión y desaparición (física, social, cultural) de la población originaria del territorio palestino, para finalmente lograr su sustitución por colonos de origen judío y afiliación al proyecto sionista.

Ramos Tolosa es uno de los autores que expone en detalle el origen y las características de la cuestión Palestino/Israelí y plantea la necesidad de abordarlo desde un perspectiva decolonial, lo cual nos permitirá hacer un abordaje más profundo de la ocupación palestina y el papel del mal llamado acuerdo del siglo sionista imperial en este contexto.

Como el colonialismo histórico, el colonialismo de ocupación y poblamiento sionista, persigue la conquista y control absoluto y efectivo del mayor territorio posible, control que se traduce en el dominio político, social, económico y militar de la tierra ambicionada, por otra parte a diferencia del colonialismo de explotación y extracción ejercido por las potencias europeas, no busca la asimilación de la población originaria local, con el fin de utilizar la mayoría nativa en el proceso de explotación de los recursos coloniales; por el contrario el proyecto sionista se propuso desde un comienzo la expulsión de los palestinos y su reemplazo por población de origen judío, más esto no se trata solo de la simple sustitución de unos por otros, de hecho consiste en un proceso de desaparición sistemática de la presencia y la memoria palestina de sus territorios, desaparición física y expulsión forzada en tiempos de guerra y conflictos armados de mediana y alta intensidad, así como, una severa política de apartheid en tiempos de tensa calma, es decir, una política de segregación, exclusión, persecución y desaparición, no solo de los habitantes, sino también de su historia, simbología, memoria, cultura e identidad, que llega al punto de construir muros físicos y políticos por una parte, y de alterar el paisaje urbano y natural (destruyendo viviendas, monumentos y arrancando árboles nativos de fuerte simbolismo para el pueblo, como los olivos) para borrar la presencia palestina e impedir su anhelado retorno.

El colonialismo sionista no ha culminado en Palestina por cuanto, en primer lugar, aún consigue sus objetivos de controlar el máximo territorio y ocuparlo con una inmensa mayoría judía, en este propósito se ha enfrentado con la valerosa y ejemplar cultura de resistencia del pueblo palestino inspirado en el espíritu del Sumud, además; la solidaridad internacional cada vez mayor con la causa palestina y su legítimo derecho al retorno, juega un papel en la contención del proyecto sionista. Por otra parte, el sionismo es un aliado y representante de los intereses del norte global en la región del medio oriente, los cuales con su poder económico y militar, apoyan directamente, avalan y justifican las acciones del sionismo, y gracias a su control de los medios de comunicación masiva y los organismos multilaterales, ocultan y se hacen de la vista gorda frente a los abusos y la violación sistemática del derecho internacional y los derechos humanos contra el pueblo palestino; es este el mismo poder connivente que niega públicamente el secreto geopolítico militar peor guardado de todos: La posesión por parte de Israel de armas nucleares de destrucción masiva, conocido extra oficialmente como proyecto Sansón, lo cual, dada la proximidad de los principales enemigos del sionismo, cobra mucho sentido por cuanto cualquier detonación nuclear tendría características suicidas, reclamando la vida de propios y extraños, tal cual como ocurre en el relato bíblico de Sansón y los Filisteos.

Finalmente, considerando la verdadera naturaleza de la situación de Palestina/Israel, como proceso colonial de ocupación y poblamiento, el único camino justo es el de la descolonización de Palestina y el retorno de su pueblo a sus territorios ancestrales, la abolición del apartheid sionista y la búsqueda de una ecología sociopolítica en la región que se base en el reconocimiento y respeto de la diversidad religiosa y cultural; obviamente que considerando las profundas heridas provocadas por el dolor de la pérdida por un lado, y el odio segregacionista cultivado por los sionistas, harán del diálogo necesario para dicho proceso un desafío histórico de proporciones extraordinarias; en todo caso el camino ya ha sido marcado por el propio pueblo palestino y su notable cultura de resistencia, profundamente arraigada en su identidad espiritual; así que experiencias como las de Jubbed ad-Dib, las acciones no violentas del Consejo de Mujeres organizadas para el empoderamiento en forma de la construcción de colegios y proyectos de energía solar y pozos de agua, y la iniciativa SBD, que tienen al pueblo palestino como centro del proceso de resistencia y descolonización indican el rumbo a seguir, pues como afirma el profesor Ramos Tolosa “es clave comprender que una descolonización epistémica de Palestina-Israel puede pasar por atender a, arrancar desde o articularse a partir de las cosmovisiones, discursos, palabras o voces pero también las acciones, emociones, experiencias o prácticas de los sujetos colonizados, en este caso, palestinos”. Definitivamente la solución real y justa del mal llamado conflicto palestino/israelí no puede llegar del acuerdo entre las potencias del Atlántico Norte y sus aliados árabes con los sionistas colonizadores, como se ha planteado insistentemente desde los Estados Unidos, sino desde la participación activa del pueblo palestino y la solidaridad militante y comprometida de los pueblos del sur global.

El mal llamado acuerdo del siglo representa las intenciones sionistas e imperiales; son estos intereses los que se han puesto de acuerdo para declarar formalmente, y ya sin ningún tipo de disimulo para cuidar las apariencias, su intención de entregar a Israel los territorios ocupados, arrinconando a Palestina, privándola (de hecho) de su capital histórica Al Quds, dividida territorialmente, obligándola a permanecer indefensa (desmilitarizada), controlada y tutelada su “seguridad” por el ejército israelí, formalizando la expropiación de su tierra y de la desaparición de la memoria de su presencia ancestral en ella; ya el curso estaba fijado por Trump con su reconocimiento de facto de Jerusalén como capital de Israel moviendo su embajada a esta ciudad sagrada, no solo para el judaísmo sino también para el Cristianismo y el Islam, movimiento político que siguieron los fieles vasallos del imperio, ni que decir del reconocimiento unilateral de Estados Unidos de la posesión de Israel sobre los Altos del Golán Sirios, pasando por encima de la ONU y el derecho internacional. Lo peor del “acuerdo” es que no incluyo a los palestinos como sujetos protagónicos de la discusión y el debate; fieles a su pretendida superioridad natural, insisten en considerar a este pueblo como meros objetos coloniales obligados a asumir la voluntad del amo, de allí que Trump declare confiado que sabe que Palestina aceptara.

El acuerdo del siglo sionista imperial constituye una prueba crucial para medio oriente y el mundo, permitir su implementación, por cuanto es de suponer que para Trump y Netanyahu su anuncio autoriza desde ya el proceso de ocupación judía y expulsión palestina bajo el manto de la supuesta legitimidad con la bendición de la voluntad imperial; ahora todo dependerá de la reacción del pueblo Palestino y sus representantes en primera instancia, de la comunidad árabe e islámica en segundo lugar, y finalmente de la postura que asuman los organismos multilaterales, la comunidad internacional y las grandes potencias regionales y mundiales. Irónicamente el acuerdo puede convertirse en el triunfo definitivo del colonialismo de ocupación sionista, si así lo permite la comunidad internacional, que víctima del temor al imperio se vuelva cómplice de este crimen, o bien, en el comienzo de su derrota y en consecuencia el inicio del proceso de descolonización de Palestina.

 

Deja una respuesta