Esta relegitimación democrática se hace totalmente plausible y evidente como necesidad republicana, sobre todo, cuando está en juego el cambio de la Constitución Política de Chile.

Pablo Monje-Reyes

Miembro del Comité Central Partido Comunista

29/01/2020. Desde hace algunos días, después de la entrega de los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos -CEP-, ronda en la cabeza de muchos y muchas en una cuantía que va creciendo poderosamente como marea, como un rumor transversal, la inevitable conclusión que nuestro sistema democrático está con serios problemas de legitimidad. La figura presidencial marca un 6% de apoyo, el congreso apenas un 3% de legitimidad y los partidos políticos solo un 2%. En Chile, las tres instituciones más fundamentales e imprescindibles para el ejercicio de una democracia están en una crisis de legitimidad política muy grave e indesmentible. Pese a lo anterior, las élites de derecha en particular no lo quieren reconocer; ¡¡tienen el poder!!, es más, no lo consideran como un factor gravitante a considerar, sobre todo, cuando hemos vivido más de 100 días de movilizaciones sociales que luchan en las calles por demandas justas que aún no se responden satisfactoriamente. Por su parte, las élites socialdemócratas -en general- evitan la discusión o simplemente se quedan en silencio, por su responsabilidad política culpable y cómplice en no satisfacer las demandas de la ciudadanía cuando tuvieron el poder.

La percepción de las personas sobre el funcionamiento de la democracia es;‘regular’ (44%) y ‘mal y muy mal’ (47%), claramente, esta evaluación del 91% que suman ambas categorías está conectada con la percepción sobre el mal funcionamiento del ejecutivo, del congreso y de los partidos políticos.  Pero, aún así, las personas consideran que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno (64%), con un bajo porcentaje (11%) que cree que en ciertas circunstancias es preferible un gobierno autoritario. Por tanto, la salida a la crisis de legitimidad y para un buen funcionamiento de nuestra actual democracia, es insoslayable iniciar prontamente un proceso de relegitimación de las autoridades electas, y para ello, es necesario y urgente llamar a una nueva elección de Presidente de la República y para la renovación del Parlamento.

Esta relegitimación democrática se hace totalmente plausible y evidente como necesidad republicana, sobre todo, cuando está en juego el cambio de la Constitución Política de Chile. ¿Por qué razones?: Primero; al tener actualmente autoridades con una nula, escasa o poca legitimidad, es claramente inconveniente y difícil llevar a cabo un proceso constituyente de nuestra carta fundamental, porque ella requiere -como requisito básico-, generarse desde una confianza y legitimidad social y política lo más amplia posible de todas las autoridades del sistema democrático. Esa sólida credibilidad hoy no existe. Segundo; actualmente, el parlamento requiere de una legitimidad de representatividad política que hoy no tiene, entre otras cosas, porque no debemos olvidar que la mitad del senado actual fue elegido con el anterior sistema electoral binominal, esa mitad del senado cesa en su periodo recién el año 2021.

Por otra parte, y ya que en el marco de las movilizaciones multitudinarias de las que toda la ciudadanía ha sido testigo, están emergiendo grupos políticos y nuevos actores sociales que están luchando por mayor participación y más representatividad de la sociedad chilena. Por ejemplo, hasta el día de hoy se discute la paridad de género y la representación de los pueblos originarios,situación que no se expresa en ninguna medida en el actual parlamento, ni siquiera como tema a discutir. Y la Tercera razón es una máxima muy obvia, los males de una democracia se superan con más democracia,así, la democracia se fortalece con elecciones libres e informadas y con resultados representativos de nuestra sociedad.

En síntesis, no hay nada de malo ni de antidemocrático en pedir adelantar elecciones presidenciales y parlamentarias, apenas,es convocar a un urgente y necesario proceso de relegitimación de nuestros representantes, proceso que finalmente dirimirá el pueblo soberano. ¿Quién le podría tener miedo a un ejercicio electoral tan propio de la democracia?

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