2019: Sebastián Piñera continuó con su guerra

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El mandatario dio continuidad a tono discursivo sustentado en el vandalismo, el narcotráfico, la delincuencia y el odio. Y en campañas internacionales en contra de Chile.

Patricia Ryan. Gonzalo MaguedaPeriodistas. 12/2019. La teoría de que en el país se vive una guerra interna donde habría coordinaciones desde el exterior y uso de tecnologías de avanzada, con métodos sofisticados para realizar ataques, con prevalencia de vándalos y “organización militar”, siguió instalada en la mente y el discurso del Presidente Sebastián Piñera, inclusive terminando el 2019, con sus declaraciones a CNN “En Español” estableciendo que imágenes de represión y violación a los derechos humanos registradas en Chile, fueron grabadas en el exterior, dentro de una campaña internacional contra el país.

Desde que estableció -a días de iniciado el estallido social a mediados de octubre- que “estamos en una guerra contra un enemigo poderoso”, el mandatario le dio continuidad a un tono discursivo sustentado en enfatizar el vandalismo, el narcotráfico, la delincuencia y el odio. Pese a que quiso desdecirse, continuó con aquello como una táctica para enfrentar la crisis social, política y económica del país. La idea bélica predominó sobre el énfasis social.

Eso, a pesar de que los informes oficiales indicaron una disminución de “eventos graves”, bajó la cantidad de detenidos y desde el gobierno se apuntó a que la vida nacional volvía a la “normalidad”.

En una entrevista a la Cadena Ser, de España, el mandatario apuntó que desde el 18 de octubre, “vimos algo que nunca antes habíamos visto: una tecnología, una organización militar, una precisión, una voluntad de no respetar a nada y a nadie”. Enfatizó que hubo “una ola de violencia sistemática, profesional, organizada, con tecnología de punta” y refiriéndose a autorías posibles, indicó que “ha habido mucha información de países amigos que indican que aquí hubo algo que no fue casual y que fue deliberado”. Un escenario de guerra.

Luego, al ser entrevistado por periodistas de emisoras de la Asociación de Radiodifusores de Chile (ARCHI), Piñera recalcó que en el país “definitivamente hay organización” para atentar contra bienes públicos y privados, el Metro y supermercados, con “métodos sofisticados”. Añadió que “la coordinación de estos ataques refleja que hay una organización detrás, también lo han dicho la OEA (Organización de Estados Americanos), el Departamento de Estado de Estados Unidos e incluso los presuntos responsables de los ataques”. Reiteró que en esta guerra, hay uso “de tecnología de punta, hay organización muy sofisticada”.

El gobernante sostuvo que “por de pronto, todo el manejo de las redes sociales, casi toda la coordinación viene de fuera de Chile”. Otra afirmación fue que “los elementos incendiarios no son los tradicionales que veíamos en Chile”.

Los analistas recuerdan que la primera declaración de guerra del gobernante derivó en decretar el Estado de Emergencia, el Toque de Queda y colocó a los militares a patrullar barrios, calles, plazas y lugares públicos. Un día citó al ministro de Defensa, Alberto Espina, junto a otros colaboradores, y estuvo al filo de volver a recurrir a las Fuerzas Armadas en lo que se consideraba un “golpe blanco”. En otra señal autoritaria, convocó a una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el instrumento dejado por la dictadura cívico-militar.

Medidas militaristas

En concordancia con el nivel de confrontación que existirían en el país, a mediados de diciembre el jefe del Ejecutivo firmó un proyecto que “establece como agravante de los delitos de lesiones u homicidios cometidos contra carabineros, policías o gendarmes el cometer estos delitos en forma encapuchada, en grupos organizadosde tal forma que podamos combatir con mayor eficacia este tipo de acciones”. “Nuestra fuerzas de Orden y Seguridad y también Gendarmería necesitan ser debidamente respetadas y también tener una adecuada protección”, acentuó.

Antes, desde La Moneda se envió al Parlamento un proyecto para que las Fuerzas Armadas puedan estar en la calle sin declarar Estado de Emergencia o Estado de Sitio, con el objetivo de resguardar “infraestructura crítica”, incluyendo “servicios públicos esenciales e infraestructura policial”. Esto, en los hechos, es colocar a los militares de manera permanente o muy continua en vigilancia en centros urbanos, suburbanos y rurales, en avenidas y poblaciones.

Se suma a todo lo anterior, las iniciativas gubernamentales de leyes “anti saqueos” y “anti encapuchados”, que van en el sentido de aumentar el poder policial e incluso, eventualmente, militar, y en específico sobre el segundo proyecto, va en la línea de criminalizar la protesta social donde es masivo el uso de capuchas o tipos de pasamontañas. Las dos medidas aumentarán las condiciones para el actuar policial y represivo.

En este escenario, para el Presidente un destacamento vital ha sido Carabineros de Chile. Una especie de “brazo armado” del gobierno. Sin dudarlo, Piñera afirmó que “el general (Mario) Rozas (jefe de la policía uniformada), ha hecho todo lo humanamente posible por cumplir con su deber…” y sentenció: “Yo estimo que él ha tratado de ser parte de la solución”.

El mandatario desestimó pedirle la renuncia a Rozas ante los cientos casos de heridos y mutilados provocados por carabineros y como respuesta a los informes de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que responsabilizan objetivamente a Carabineros de una enorme cantidad de violaciones a DDHH. Eso acrecentó la percepción de que Piñera considera que la única institución que lo respalda en estos momentos y que es leal, es Carabineros, y que si saca al general director podría provocar un enorme descontento en el alto mando y subordinados. Es la práctica de mantener al lado del Presidente conservador a los uniformados.

En la línea de instalar el discurso de confrontación, el jefe del Ejecutivo apuntó a los parlamentarios. “El odio y la violencia han reaparecido con tanta fuerza en nuestro país y no solamente en las calles, también en el Congreso”, anotó.

“Esto no se soluciona con más policías o más militares”

Conocidas las declaraciones y decisiones del mandatario, el senador del Partido por la Democracia (PPD), Felipe Harboe, increpó: “Presidente entienda, hoy día tenemos un problema grave desde el punto de vista social y económico. Esto no se soluciona con más policías o más militares, esto se soluciona con políticas sociales”. Agregó que “la gente está esperando una agenda social robusta. Si el Presidente cree que va a controlar la insatisfacción ciudadana con más aumentos de penas o más sanciones, creo que está equivocando el camino”.

Ante las reiteraciones de apelar al odio y la violencia como eje del mensaje, el presidente del Partido Socialista (PS), Álvaro Elizalde, sostuvo que el mandatario “en vez de apaciguar los ánimos, los agita. Piñera ya cometió un error al declarar que estábamos en guerra y salieron millones de chilenos a desmentirlo”.

El presidente del Senado, Jaime Quintana, aseveró que “la confusión del Presidente no le permite ver que las pocas soluciones que se han construido para enfrentar esta crisis han provenido del Congreso y no de La Moneda”.

No se olvida que ante la convocatoria del COSENA, aparte de que se demostró su inutilidad, los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados, y el Contralor de la República, expresaron su cuestionamiento a que el mandatario hubiese convocado a esa instancia autoritaria y se supo de la reticencia del Presidente de la Corte Suprema.

Sobre los orígenes e insistencia del sentido bélico que le dio a su gestión el Presidente, tanto en el campo opositor como del oficialismo se apunta al asesor Cristian Larroulet, académico ultraconservador cercano al sector más duro de la Unión Demócrata Independiente (UDI), quien estaría detrás de la estrategia de establecer que en el país, ante las secuelas del estallido social, el camino es instalar el discurso del orden, de la seguridad pública, del rol protagónico de Carabineros, de medidas autoritarias y de vincular a países extranjeros como causantes de hechos de violencia.

En términos de análisis de estrategias, lo que pretende aplicar Sebastián Piñera tiene elementos de las definidas “guerras internas”, técnicas de construcción del “miedo social” y “terrorismo mediático” desarrollado a través de los medios de comunicación.

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