Será una de las economías con el peor desempeño de la región. Junto con Bolivia, se “han visto deteriorarse su nivel de riesgo país a raíz de tensiones políticas y sociales”.

Carmen Mendoza V. Periodista. 20/12/2019. El Balance Preliminar de la Economías de América Latina y el Caribe 2019, que cada año publica la comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), advierte que el país tendrá un crecimiento de un 0,8% este año y un 1% en 2020, por debajo de las estimaciones del ministerio de Hacienda y del Banco Central. Indica que el próximo año la economía local solo superará a las de Argentina, Cuba, Haití, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

El pronóstico se debe en parte al estallido social que se desató el pasado 18 de octubre y señala que tanto Chile como Bolivia “han visto deteriorarse su nivel de riesgo país en las últimas semanas a raíz de tensiones políticas y sociales”.

La presentación del balance estuvo a cargo de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de CEPAL, quien al referirse a la crisis social en Chile, dijo que “se han tomado acciones para superarla con un paquete social quizás insuficiente”.

El informe fue entregado en un contexto económico y social extremadamente complejo para la región. América Latina presenta “una desaceleración económica generalizada y sincronizada a nivel de los países y de distintos sectores, completando seis años consecutivos de bajo crecimiento”.

El estudio sostiene que “el panorama macroeconómico reciente muestra una desaceleración tendencial de la actividad económica: caídas del PIB per cápita, la inversión, el consumo per cápita y las exportaciones, y un sostenido deterioro de la calidad del empleo. De proseguir este escenario, el septenio 2014-2020 sería el de menor crecimiento económico en la región en los últimos 40 años, “en un contexto global de bajo dinamismo y creciente vulnerabilidad del que no se esperan impulsos positivos significativos”.

La profesional acotó que “la desigualdad está en el corazón del descontento social por deterioro del empleo, insuficiente ingreso, escasa provisión de bienes públicos y baja protección social. “Hoy todavía hay ingresos que no alcanzan para pagar los bienes privados que se han convertido la salud y educación”, afirmó la secretaria ejecutiva.

El documento subraya que la región “crecerá 0,1% en 2019, su menor tasa desde la crisis financiera global, y para 2020 no se espera mejoras significativas: sólo crecerá un 1,3%”.

En 2019, en contraste con años anteriores, “18 de los 20 países de América Latina, así como 23 de las 33 economías de América Latina y el Caribe, presentan una desaceleración en la tasa de crecimiento de su actividad económica”.

Alicia Bárcena apuntó que “la desaceleración en la demanda interna se acompaña por una baja demanda agregada externa y mercados financieros internacionales más frágiles. A este contexto se suman las crecientes demandas sociales y las presiones por reducir la desigualdad y aumentar la inclusión social”.

En materia de proyecciones de crecimiento, según el análisis 23 de 33 países de América Latina y el Caribe (18 de 20 en América Latina) presentarán “una desaceleración de su crecimiento económico durante 2019, mientras que 14 naciones anotarán una expansión de 1% o menos al finalizar el año”. En tanto, que “la desocupación aumentará de 8,0% en 2018 a 8,2% en 2019, lo que implica un alza de un millón de personas, llegando a un nuevo máximo de 25,2 millones, a lo que se suma un deterioro en la calidad del empleo por el crecimiento del trabajo por cuenta propia (que superó al empleo asalariado) y de la informalidad laboral”.

Se planteó que “es fundamental reactivar la actividad económica mediante un mayor gasto público en inversión y políticas sociales”, agregó la CEPAL. Asimismo, para “dar cuenta de las demandas sociales, los esfuerzos redistributivos de corto plazo deben complementarse con aumentos en la provisión y calidad de bienes y servicios públicos”.

La región debe elaborar políticas para estimular el crecimiento

Ante este escenario, con las crecientes y urgentes demandas sociales para aumentar tanto los ingresos como servicios públicos, la secretaria ejecutiva sostuvo que “la región no aguanta políticas de ajuste y que en el corto plazo se requieren estímulos fiscales significativos que deben ir acompañados de sostenibilidad fiscal centrados en aumentos de la carga tributaria, mayor progresividad en estructura tributaria y reformas estructurales en los sistemas de protección social”. Enfatizó que reactivar la actividad económica “requiere un mayor gasto público en inversión y políticas sociales”.

Como ejemplo nombró a México, Colombia y Chile, donde este último implementó un Plan de Protección del Empleo y Recuperación Económica (US$ 5.500 millones) y Agenda Social (aprox. U$ 1.600 millones).

Añadió que una política fiscal activa requiere en el mediano-largo plazo una estrategia para garantizar su sostenibilidad en el tiempo. “Esto implica que debe estar vinculada con la capacidad de crecimiento y la dinámica de la productividad, junto con el fortalecimiento de la capacidad recaudatoria del Estado». Por ello, “para acelerar el crecimiento de los países se requieren políticas económicas nacionales expansivas y coordinadas”. Agregó que eso se puede lograr “mejorando la progresividad de la estructura tributaria mediante el aumento de los impuestos directos, (que el 1% más rico pague mayores impuestos), reducir la evasión fiscal, reevaluar los gastos tributarios e implementar una nueva generación de tributos relacionados con la economía digital, el medioambiente y la salud pública”.

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