El proceso que comenzó con el golpe contra Dilma Rousseff en 2016 se profundizó hasta, prácticamente, reeditar una dictadura de tres años, de los cuales 19 meses el expresidente los vivió encarcelado. 

Hélio Rocha

Columnista Brasil 247

12/11/2019. Finalmente, aunque no se sepa por cuanto tiempo, Lula queda libre y la lucha latinoamericana gana nueva fuerza con un aliado importante, quizá el líder más popular del continente. Pero ahora Lula se encuentra con un Brasil distinto al que conoció el último día de su libertad, el 7 de abril del año pasado.

El proceso que comenzó con el golpe contra Dilma Rousseff en 2016 se profundizó hasta, prácticamente, reeditar una dictadura de tres años, de los cuales 19 meses el expresidente los vivió encarcelado. 

En los hechos:

La democracia brasileña sigue en peligro y, en las últimas semanas, se ha incrementado la amenaza de que en el país se profundice el estado de excepción, replicando las características de una dictadura.

1.- Se cumplirán 600 días desde que ocurrió el asesinato de Marielle Franco, bajo sospecha de que exista participación de la familia Bolsonaro en el crimen. El portero del condominio donde vivía Bolsonaro antes de la presidencia dijo en testimonio a la Policía Federal que, el día de la muerte de Marielle, Anderson Gomes, el chofer del hoy mandatario y uno de los sospechosos de los disparos contra la activista social, había pasado por la casa del actual presidente. 

Aunque Bolsonaro, en ese entonces diputado federal, estuviese en Brasilia, la evidencia es seria, porque se asocia a otras muchas, como toda la protección de la familia Bolsonaro a los “milicianos”, como se conoce a la mafia de la Policía Militar corrupta que lleva un gobierno paralelo en los barrios pobres de Rio de Janeiro, explotando a la población. Ya se sabe que el crimen fue responsabilidad de aquellos militares.

2.- Bolsonaro ha respondido con una transmisión en vivo a través de Youtube con la amenaza de adoptar serias medidas, como cerrar la concesión de transmisión de la red de televisión Globo, la principal del país. Y no es que Globo sea una aliada de la lucha democrática. De hecho, es una de las principales sostenedoras del régimen actual y del golpe de Estado que comenzó en 2016, contra Dilma Rousseff. Esto nos muestra como Bolsonaro simpatiza con todo tipo de censura, incluso contra aquellos que fueron sus aliados contra el Partido de los Trabajadores.

3.- Después de eso, el hijo de Bolsonaro, que suele hablar por el mandatario temas que son políticamente comprometedores, dijo que Brasil necesita un nuevo “Acto Institucional Número Cinco” que, en la historia brasileña, fue lo que creó todos los mecanismos de persecución política, prisión y tortura de opositores de la dictadura en 1968, un experimento de lo que pasaría en Chile en 1973 y Argentina en 1976. 

4.- Pocos días después, el martes 5, la Lava-Jato, que se ha convertido en un verdadero poder paralelo, similar a una policía política del nuevo régimen brasileño, tal como la Gestapo en la Alemania nazi, ordenó la prisión de la expresidenta Dilma Rousseff, por razones inexplicables, tan solo por representar la resistencia democrática al gobierno que, de forma autoritaria, expropia a los más pobres y vende el patrimonio nacional.

5.- Mientras todo eso ocurre, el Chicago Boy que comanda la economía, el ministro Paulo Guedes, ha aprovechado la oportunidad de bajos precios del petróleo brasileño, gracias a la fuga de crudo en el litoral del Nordeste, que contamina el mar de la región y amenaza la alimentación y el trabajo de la población local, para vender los mejores sitios de exploración que antes pertenecían a Petrobras.

Como vemos, se cumplen todas las características de una dictadura después del golpe de estado de 2016, aunque no existan tanques en las calles. 

De a poco se va restringiendo la libertad política y se persigue a los opositores. En los campos, sin la atención de los medios y tampoco de la izquierda urbana, ya han muerto decenas de activistas políticos y ambientales, incluyendo, en la última semana, al líder indígena Pedro Guajajara, del grupo político Wazayzar, que en español significa Guardianes de la Selva. 

En las ciudades, el destacado maestro de capoeira de Salvador de Bahía, Moa do Kantendê,  fue asesinado por defender al Partido de los Trabajadores. 

Todo comenzó con Marielle, que para los chilenos podría compararse con el Víctor Jara de este nuevo régimen brasileño. No son crímenes cometidos por el Estado (aún hay que descubrir si en el caso de Marielle lo fue), pero sí por una red de fuerzas antidemocráticas que tienen en Bolsonaro su punto de convergencia, protección y legitimación.

Las circunstancias en que Lula actúa, en este momento de la historia brasileña, son de enfrentamiento a un régimen de muerte y presión contra todo lo que garantiza la democracia, incluso instituciones burguesas, con las que Lula tanto supo negociar. 

La liberación de Lula es la oportunidad para un pacto político entre las elites, la burocracia estatal corrompida y el pueblo oprimido por cuatro años, después de todo un siglo XXI de progresos civiles y sociales. 

Que lo hagan bien, porque Brasil y América Latina dependen de la actuación política de su líder más popular para salir de la más grande crisis política en que la metieron desde de las décadas de las dictaduras, que, una vez más, empezando por Brasil, intentan revivir.

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