La crisis de Chile

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La lógica nos indica que el pubescente gobierno derechista fracasó. El pueblo asumió la responsabilidad de fortalecer e iniciar un proceso de cambios sustanciales.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

24/10/2019. La lógica nos indica que el pubescente gobierno derechista fracasó. Lo racional indica que la profunda crisis de Chile fue una plétora de errores incoados por la ignorancia política de una ciudadanía obnubilada por el neoliberalismo que no alcanzó a captar el mensaje que sucesivamente entregaba el Partido Comunista y algunos partidos progresistas, una ciudadanía que no comprendió que la derecha es experta en destruir democracias bajo la férula del águila imperial.

El país estaba en un estado de sonambulismo social, casi catatónico, como también, en un estado de descomposición moral. Ahora, de manera transversal, el pueblo asumió la responsabilidad de fortalecer e iniciar un proceso de cambios sustanciales, una causa que sea el gran ejemplo de una transformación vital para terminar con un sistema  económico déspota, procaz e insufrible que condujo a la más terrible inequidad y a una endémica pauperización de la mayoría sufriente.

El actual gobierno, sus adláteres de derecha, además de una centro izquierda acomodaticia y pusilánime, son los únicos y directos  responsables político-económicos de esta debacle social. Lo que está ocurriendo en Chile es el comienzo del fin de todos los gobiernos de derecha de nuestro continente, de una derecha insensible carente de humanidad, cuyos líderes tomaron el neoliberalismo como su ideología para estructurar un injusto proceso lucrativo post dictadura que sólo ha beneficiado a los más poderosos empresarios. Pedir perdón es un acto demasiado fácil, un acto trepanado por el hambre de un pueblo pobre que soporta la indolencia de aquellos que técnicamente han delinquido para lograr un orondo poder económico.

El pueblo no tiene resentimientos, pues su lucha es un acto legítimo y fecundo. Chile requiere con urgencia satisfacer las necesidades básicas, pero también precisa de un cambio cultural que conlleve a entender que la sana distribución de la riqueza es un elemento necesario para alcanzar una mentalidad progresista y un desarrollo humano sostenido.

Ahora, la tecnología muchas veces conduce a no reflexionar y a actuar de manera solamente reactiva. Entonces, este maravilloso acto de rebeldía, iniciado en el gobierno de la Unidad Popular, es un hecho histórico que jamás podrá ser olvidado por el pueblo flagelado, pues es una acción de liberación popular del hombre chileno torturado y castigado por el torrente inmisericorde de un sistema económico inhumano y enfermo. Los pobres y explotados de América Latina deberán seguir el clarísimo mensaje del pueblo de Chile que pudo darse cuenta que estaba siendo maniatado por sofismas de un mercado derrotado.

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