Niños resistieron, burlando  los torniquetes del metro de Santiago ,”apenas” por un puñado de treinta pesos del alza de la locomoción, recordándonos la revolución de la chaucha del 16 y 17 de agosto de 1949 en Santiago.

Pavella Coppola

Escritora

23/10/2019. Cuando años y años se somete a un pueblo a la injusticia ; cuando años y años los dueños del país y la élite conspiradora se ríen de un pueblo esclavizado ; cuando años y años 300 mil pesos no alcanzan para comer y pagar la luz, el agua, el arriendo, los asuntos básicos para vivir ;  cuando años y años los académicos realizan precarias clases a precarios jóvenes endeudados y no logran pagar sus mínimas cuentas entre diciembre y abril, porque solo recibieron boletas de honorarios y jamás han tenido contrato laboral; cuando años y años los viejos en Chile se vuelven más viejos y pobres y deciden suicidarse como urgente acto de dignidad ; cuando años y años una casta de abusadores concertacionistas y de derecha construyeron un palacio de privilegios ante los ojos de un pueblo sometido y callado; cuando años y años se habló de macroeconomías, de modelos ejemplares de transacciones y capitales fiscales y la televisión chilena cursó de día y de noche un espectáculo pornográfico del pinochetismo; cuando años y años los barrios fueron viendo crecer edificios inmensos sin plan regulador alguno con  inmobiliarias a destajado y sus bancos crediticios debajo de la billetera, mientras  cortaban  árboles y  desmenuzaban el pequeño saludo cotidiano entre vecinos; cuando años y años los jóvenes recién titulados se dan vuelta entre la desesperanza y envíos de postulaciones a trabajos en los que – de modo humillante- les exigen años de experiencia profesional; cuando años y años la lumperizaciónde Chile se normaliza, no sólo en los estratos más marginales de la sociedad, sino también -allá arriba- en los delincuentes de cuello y corbata; cuando años y años las demandas  de los pueblos originarios han sido acalladas; cuando años y más años los bosques se talan, se contaminan las aguas con arsénico y emergen verdaderos paisajes del horror, conocidos como zonas de sacrificio; cuando años y años se reciben solo burlas como respuestas a demandadas sociales; cuando años y años nos hacen creer que “ vandalismo” es la palabra para rebeldía; cuando años y años nos creen imbéciles, entonces, entonces, la dignidad, la rabia aparecen como una estampida.

Niños resistieron, burlando  los torniquetes del metro de Santiago ,”apenas” por un puñado de treinta pesos del alza de la locomoción, recordándonos la revolución de la chaucha del 16 y 17 de agosto de 1949 en Santiago de Chile. Saltaron una inmensa barrera como si se tratara de la más larga y alta barrera en cien metros planos. Sin embargo, el salto  nunca fue por treinta pesos, sino por treinta años -o más – de injusticia acumulada. Se plegaron  al salto otras piernas, otras manos, más voces, más gritos y demandas. Y  en tal salto la vida se abrió  con toda su esperanza.

Hace cinco días comenzó el estallido. Hay muertos. Hay detenidos. El gobierno de turno y todos los cómplices oportunistas que- casi por milagro hoy vociferan arrepentimientos como coro organizado de feligreses, temerosos de perder la silla  de privilegio,  sea  ya en  algún matinal mentiroso de televisión, sea en el directorio de  alguna AFP o en el desprestigiado congreso-nos hablan de supermercados quemados, de semáforos rotos, de pérdidas cuantiosas, mientras silencian las muertes de nuestros compatriotas, porque Venid a ver las sangre por las calles….

Hay militares en las calles, provocando miedo y abuso, recordando los días más espantosos de la dictadura cívico-militar de Pinochet. La desigualdad recorre todas las esquinas de Chile. Resulta obsceno el paisaje de la vulneración de los derechos en su conjunto.

Por todo ello, es indispensable una asamblea constituyente  que dé lugar a una nueva carta Fundamental.

La militarización no es la respuesta. De ello, tenemos ya suficiente experiencia.

¡El fascismo no pasará!

 

 

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