Tal como en Chile, hay periodistas españoles que se abanderizan rápidamente contra los desmanes y destrozos de la propiedad privada o pública.

José Luis Córdova

Periodista

19/10/2019. Cinco días de protestas en Santiago, Barcelona y otras ciudades de Chile y Cataluña mostraron características muy similares de las coberturas mediáticas en ambos países. La brutalidad policial es mayor en nuestro país que los Mossos de Esquiadra, aunque tal vez la policía nacional es más parecida a nuestras fuerzas especiales.

En Cataluña recién estrenaron un “botija” (no confundir con el diputado del mismo apodo), que es nuestro tristemente célebre “guanaco”. Solo en el Paseo de Gracia con Diagonal, poco podía hacer este vehículo frente a miles de manifestantes que exigían la libertad de los presos políticos recientemente condenados desde 9 a 13 años por haber convocado a un referéndum independentista en un cuestionado proceso que duró más de dos años.

La represión española también utiliza balines de goma, con los mismos trágicos resultados entre los manifestantes, aunque estos sólo se movilizaron por la inusitada alza en el pasaje del Metro en nuestro país.

Las transmisiones de televisión desde las calles difieren porque los reporteros catalanes -ataviados con resistentes cascos, pecheras y brazaletas con la consabida “Press”- no parecen muy acostumbrados a los disturbios y se cuidan de observar y comentar los sucesos a demasiada prudente distancia. Nuestros profesionales criollos son más avezados o irresponsables.

Tal como en Chile, hay periodistas españoles que se abanderizan rápidamente contra los desmanes y destrozos de la propiedad privada o pública y algunos -como acá- se apresuran a vaticinar resultados catastróficos y empeoramiento de las situaciones en medios del supuesto caos reinante.

La estrategia policial de un estado en vías de desarrollo parece más desafiante y contundente, frente al curioso alineamiento en la península hispana de furgones policial que forman verdaderos tacos en las calles sin posibilidades de movilidad, salvo si se trasladan todos juntos en fila. ¿qué pasaría desde los techos del Instituto Nacional en ese caso?

El discurso de las autoridades es curiosamente semejante pese a que en Cataluña se trata de manifestaciones por la liberación de 9 independentistas, entre ellos ex dirigentes del gobierno regional (Generalitat) y, en definitiva, con el apoyo de independentistas y no independentistas también. En nuestra larga y angosta faja los reclamos son apenas por el alza del Metro y otros servicios públicos, contra las AFP, el sistema de salud y las promesas no cumplidas del actual presidente.

La política editorial de los medios desde ambos continentes coincide en la defensa de la sagrada propiedad privada, de la señalética y otros bienes públicos que son usados como armas y la protección -desde los estudios de TV- de la integridad física de los valientes reporteros en terreno.

“¡Prensa española, manipuladora!”, vocean reiteradamente las masas en Cataluña en la misma actitud desafiante que nuestras huestes luchadoras denuncian a nuestras Mónica Rincón, Matías del Río, Mónica Pérez, los Mosciatti y otros. La manipulación parte con la ostensible rebaja en la descripción de la cantidad de manifestantes, después en el grado de violencia por parte de estos, minimizando el accionar policial. Algo conocido por todos nosotros.

Cuando la manifestación está en su punto más álgido, el método es reiterar una y mil veces las imágenes más crudas y violentas para ¿atemorizar o enardecer a los participantes?

Los comentarios al terminar las transmisiones concluyen en colocar todo el foco de atención en los “encapuchados” (sean infiltrados o no) más que en las reivindicaciones exigidas en las movilizaciones por mas masivas y transversales que sean. Las autoridades de gobierno callan, van a comer pizzas con su familia y terminan acudiendo a los cuarteles para restablecer el orden.

Todo indica que ello no termina ahí. Lo saben los españoles y también nosotros en Chilito, aunque estemos hasta ahora bajo la bota del sobrino del reo en Punta Peuco, el general Iturriaga Neumann, autor intelectual del asesinato del general Carlos Prats en Buenos Aires. En tanto, los presos en Cataluña apenas pueden saludar a sus hijos en sus cumpleaños desde la cárcel. Algo conocido ¿no?

 

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