¿Un presupuesto fiscal reactivador y austero?

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Piñera llegó al extremo de considerar que simultáneamente el presupuesto tendría un efecto “reactivador” y al mismo tiempo “austero” cuando uno y otro todo hecho están en direcciones opuestas.

Hugo Fazio. Economista. 12/10/2019. La primera información del presupuesto fiscal 2020 la proporcionó Sebastián Piñera dándole el calificativo de “reactivador”, en circunstancias que no se modifica mantener como un objetivo central la “reducción gradual del déficit fiscal”. “Este -dijo Piñera –es un presupuesto responsable porque resguarda los equilibrios macroeconómicos y cumple nuestro compromiso de reducción gradual del déficit fiscal estructural”. Es una incongruencia vincular el carácter reactivador  con una política “responsable”, austera, que conduce al efecto contrario. Como señaló el exministro de Hacienda en el gobierno de Michel Bachelet, Nicolás Eyzaguirre, con esta argumentación Piñera “se superó a sí mismo, porque una vez de dar tres o cuatro sinónimos dio un antónimo para calificar lo mismo. Habló de Presupuesto reactivador y austero, una contradicción en sus propios términos” (28/09/19).

El Mercurio adelantó editorialmente el mismo día de la presentación presidencial, la necesidad de cumplir  estrictamente con la llamada ley de responsabilidad fiscal. “La tradición de cumplir con estas metas –subrayó- representa un activo importante en el esquema macroeconómico del país y, por lo mismo, resulta fundamental preservar en ella. En ese sentido –añadió-, el gobierno actual ha manifestado explícitamente su compromiso de retomar una senda de disminución del déficit estructural a una tasa de 0,2% por año” (26/09/19). Todas las concepciones que conducen a políticas de austeridad han demostrado claramente sus efectos regresivos, no solo en el crecimiento económico, sino también en la situación concreta de las poblaciones de los países afectados.

Un primer paso inicial para colocar el presupuesto en el cuadro del escenario externo e interno que está viviendo el país era suspender la meta de reducción del déficit fiscal. No se hizo. Al contrario, en la exposición del ministerio de Hacienda, Felipe Larraín, sobre el Estado de la Hacienda Pública, se reiteró el proceso de reducción del déficit estructural fiscal para llevarlo al 1% del producto en el año 2022.

Se proyectó un incremento anual real del gasto público de 3%, que es el más reducido en los últimos 16 años e inferior a la proyección efectuada de crecimiento del producto. Ahora bien, así la magnitud del déficit fiscal efectivo queda en dependencia de lo que acontezca con los ingresos fiscales, que varían en dependencia de lo que ocurre con el crecimiento de la economía, la evolución de la cotización del cobre en los mercados internacionales y la variación a experimentar por el tipo de cambio. Para 2020, la variación anual del PIB se estimó entre un 3% y el 3,5%, con un promedio de 3,25%, que Larraín lo explicó a partir del plan de reactivación impulsada desde mediados de 2019, de una política monetaria más expansiva y suponiendo “que se resuelva la guerra comercial”, sin entregar antecedentes del fundamento de esta  aseveración”.

Ello cuando ese mismo día un fallo de la Organización Mundial de Comercio (OMC) condujo a que Estados Unidos anunciara que aplicaría en el curso del mes aranceles a una gran variedad de importaciones desde la Unión Europea, como compensación por subvenciones ilegales a la empresa aeronáutica Airbus.  Dichos aranceles se establecerían a partir del 18 de octubre.  Washington detalló que gravará a aeronaves, productos agrícolas y textiles, metales, el café, derivados del cerdo, queso, aceites, licores y el vino. La Unión Europea manifestó que de concretarse el anuncio la estarían “empujando” a responder “también con aumentos” (04/10/19). “Los nuevos gravámenes de Washington -comentó Financial Times, el día en que se efectuó la presentación de Larraín- han amenazado con agudizar las tensiones comerciales con la UE, en un momento –recalcó- en que la economía mundial se está desacelerando debido a la expansión de los conflictos arancelarios en todo el mundo” (03/10/19).

La cotización promedio en el precio del cobre para 2020 se proyectó en US$2,85 la libra, en enero-agosto de 2019 dicha variación fue de US$2,76. Y el tipo de cambio promedio se estimó en $680 por dólar, un nivel muy similar al de los ocho primeros meses del presente año. A la vez, el mayor o menor incremento real del gasto con relación a la proyectada dependerá del nivel que alcance la inflación, cuya variación anual promedio se estimó en 2,8%, siempre por debajo del objetivo perseguido por el instituto emisor, de 3%.

 

 

Las proyecciones fundamentales de Hacienda

(Fuente: Ministerio de Hacienda)

Primer semestre

2019

2019 2020
PIB (var. anual, %)     1,8     2,4-2,9 (2,8) 3,0-3,5 (3,3)
Demanda interna (var. anual, %)     2,2           2,8       3,6
IPC (var. anual, promedio)     2,1*           2,2       2,8
Tipo de cambio ($/US$ promedio) 692*       680   680
Precio del cobre (US$/lb. promedio BML) 276*      275   285
(*) promedio a agosto de 2019

 

En ningún momento el Ejecutivo hizo referencia a utilizar los fondos soberanos del país, como se hizo en 2009, lo cual permitió impulsar el gasto público en una forma efectivamente reactivadora. El director de Presupuestos, Rodrigo Cerda, no considera los fondos soberanos “en nuestro escenario de hoy”, lo mencionó solamente en el caso de “algún momento  (…) si necesitamos  ser más expansivos en el gasto” (06/10/19). Al mismo tiempo se redujo el endeudamiento fiscal autorizado a US$7.500 millones, suma US$500 millones inferior a la cantidad establecida en el presupuesto 2019-. Ello siempre en el objetivo de intentar reducir la deuda bruta del Gobierno Central, que de acuerdo a cifras de junio se aproximó a un 27% del producto, superando los US$77.000 millones.

Variación anual del gasto público

(Fuente: Dirección de Presupuesto. En porcentaje de variación)

Año % Año % Año % Año %
2004 6,3 2009 16,5 2013 4,1 2017 4,7
2005 6,6 2010 6,6 2014 6,1 2018 3,4
2006 6,7 2011  3,1 2015 7,4 2019 4,0
2007 9,3 2012  4,7 2016 3,8 2020 3,0
2008 9,3

 

En su intervención Sebastián Piñera corrigió fuertemente a la baja las estimaciones oficiales entregadas sobre el crecimiento en el presente año, utilizando la estimación promedio del Banco Central en su informe de política monetaria de 2,5%. En su exposición Larraín la aumentó a 2,6%, porcentaje una décima superior a la del instituto emisor y a la de Consensus Forecast. Hacienda redujo sistemáticamente en el año sus proyecciones de crecimiento, la cual el presupuesto 2019 lo cifró en 3,8%.  En marzo la disminuyó a 3,5% y tres meses después a un rango entre 3% y 3,5%.  El menor crecimiento, con relación al estimado un año atrás, significa un menor ingreso por este concepto, de acuerdo al Informe de Finanzas Públicas de la Dipres, ascendente de US$2.053 millones.  La reducción en la cotización estimada en el precio del cobre también conduciría a un menor ingreso proveniente de Codelco estimado en US$596 millones.

Piñera hizo un gran esfuerzo para intentar demostrar que su cifra de incremento sería un hecho positivo dado el de 4% en 2018, lo cual promediando ambos ejercicios “nos pone en los lugares de vanguardia de una América Latina muy golpeada” (27/09/19). Ninguna referencia a intentar explicar la razón de por qué la evolución económica entró en una etapa de desaceleración a partir de mediados del año pasado, salvo referencias al curso experimentado globalmente. ¿Nada se podía hacer internamente? ¿Fue acertado poner en acción desde ese momento una política de austeridad fiscal?

Si este análisis se hace con apego a los hechos se llegará a otra conclusión. En el primer semestre de 2018, cuando se inicia la administración Piñera, el crecimiento estuvo sobre el 5%, pero no se puede ocultar que ello fue consecuencia de que se compara con iguales meses del año anterior de crecimiento prácticamente cero y en el curso de un proceso de aumento que se venía dando desde el segundo semestre de 2017, fruto en buena parte de un giro transitorio producido en la evolución de la economía global. Aún más, el crecimiento hasta mediados de marzo se produjo durante el gobierno todavía de Michelle Bachelet, en consecuencia adjudicase como hizo Piñera todo el crecimiento del primer semestre de 2018 a su gestión es un hecho sin ninguna presentación. Por tanto no se trata, como manifestó Piñera, de “un presupuesto reactivador para mantener y acelerar la marcha de la economía chilena” (27/09/19).

El proceso de desaceleración de la actividad comenzó desde mediados de 2018 y se extiende con el reconocimiento hecho por Piñera a lo menos durante todo el presente año. Para proyectarlo a un lapso más prolongado necesariamente debe efectuarse considerando el curso a darse de la economía mundial, que hasta la fecha no entrega señales en un sentido contrario. Así como fenómenos que se dan al interior del país.  Por ejemplo, el Indice de Percepción Económica de los Consumidores de GfK Adimark del mes de septiembre por catorce meses seguidos, es decir desde  mediados de 2018, mostró un cuadro de pesimismo.  Este indicador es utilizado como antecedente por el Banco Central.  El pesimismo en el noveno mes del año se manifestó en todos los segmentos, desde los 45,5 puntos del ABC1, pasando por 40,0 puntos del C2 y  39,3 puntos del C3, para llegar finalmente al 35,9 puntos del D/E.  La zona de pesimismo se produce bajos los cincuenta puntos. Ello aumenta la necesidad de medidas efectivamente anticíclicas.

La formulación oficial consideró en  el presupuesto 2020  el aporte de la política monetaria más expansiva del Banco Central, lo cual “nos van a permitir –expresó Piñera- mantener a Chile en marcha”. Se trata, como demuestran los hechos de una marcha muy lenta. Por lo demás, es cierto que el Banco Central ha procedido a disminuir sus tasas de interés haciéndola “más expansiva”, pero es igualmente un dato a considerar que esta política de tasas de interés mantenido por un largo tiempo no ha tenido consecuencias mayores sobre el nivel de actividad económica, como queda en evidencia tanto interna como externamente en lapsos de bajo crecimiento.

El presidente del Banco Central Europeo, al ser interrogado sobre las radicales medidas de estímulo monetario acordadas en septiembre, que incluyeron establecer una tasa aún más negativa para los depósitos de los bancos comerciales y reimplantar el relajamiento cuantitativo, contestó: “Las tasas negativas son instrumentos necesarios en la política monetaria (…). Han creado una serie de efectos positivos. Pero, ¿cómo aceleramos estos efectos (…)? La respuesta, nuevamente, en la política fiscal. Los gobiernos con margen fiscal –insistió- deben actuar de manera efectiva y a tiempo” (13/09/19). Empezando por Alemania, que tiene superávit fiscal, lo cual significa producir un “desahorro” interno, recursos generados en el país se usan en el exterior. Por lo demás, ello ayudaría en primer lugar a los otros países miembros de la eurozona.

Durante la presentación de la Exposición, sobre el Estado de la Hacienda Pública parlamentarios pusieron en duda el proceso reactivador esperado por el Ejecutivo. El senador Carlos Montes expresó “estamos preocupados por la reactivación”, cuestionando que ella queda en dependencia de un supuesto mejoramiento del escenario internacional o que en el sector privado, donde hay manifestaciones de incertidumbre e incluso de pesimismo, aumente las inversiones, recordando “que hay otras alternativas” que no se están utilizando” (03/10/19).

En su intervención, Piñera consideró determinados estímulos a producirse al aprobarse el presupuesto con la promulgación rápida de los proyectos de reforma tributaria y previsional. Puso como un ejemplo el reajuste que se tiene retenido de las pensiones básica  y de aporte solidario, que debía haberse despachado ya sin esperar la promulgación del proyecto de reforma previsional y que no se ha hecho, perjudicando a sectores de la población de bajas pensiones, manteniéndolo como un factor de presión para sacar adelante el regresivo proyecto previsional que propicia, con cargo en lo fundamental a los trabajadores.

El presidente de la comisión de Hacienda del Senado, Ricardo Lagos Weber, criticó el vínculo efectuado entre el presupuesto 2020 y el despachado de los proyectos de reforma. “(…) yo puedo aprobar las leyes rápidamente –expresó-, en aquellas partes que me parece bien. Lo que no me parece es que señalen que quieren beneficiar a los jubilados, pero para ello se tiene que aprobar la reforma tributaria. No me parece  dejar de rehén un beneficio de los adultos mayores, porque no aprobamos la reintegración a los más ricos de Chile” (27/09/19).

Felipe Larraín, al proporcionar más antecedentes de la ley de presupuestos insistió en la idea ya adelantada cuando presentaba en la Comisión de Hacienda del Senado el texto aprobado en la Cámara de Diputados de la reforma tributaria que las partidas de ingresos aprobada en el primer trámite están consideradas en el proyecto de ley presentada. “Está incluida –declaró- solo aquella parte de recursos que están ya aprobados en la Cámara de Diputados (…), por lo tanto, estamos hablando de una cantidad inferior a los US$400 millones”.

La formulación recibió un rechazo muy amplio, empezando por el presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, quien la calificó como “una práctica bastante poco sana incorporar ingresos que no se han registrado dentro de un presupuesto”. A su turno, Vittorio Corbo, quien encabezó la comisión creada en el primer gobierno Piñera destinada a perfeccionar la regla fiscal, lo cuestionó tajantemente. “Eso –dijo- no son ingresos estructurales, porque están en un proyecto de ley. Si mañana se aprueba el proyecto, van a aumentar los ingresos estructurales y ahí había que presentar un suplemento de Presupuesto o dejarlo para el año siguiente, pero –insistió- no son ingresos estructurales propiamente” (28/09/19). A su turno el senador democratacristiano Jorge Pizarro la calificó de “presión  indebida y bastante burda”. Nosotros –agregó- “vamos a modificar este proyecto porque no es lo mejor para el país tal como viene de la Cámara de Diputados” (30/09/19).

A nivel global se produce una revaluación de las políticas fiscales después de la oleada de hegemonía monetarista impuesta por el neoliberalismo. Lo subrayó Mario Draghi al poner fin a su dirección del Banco Central Europeo. “(He) hablado sobre política fiscal -declaró- como un complemento necesario de la política monetaria desde 2014. Ahora la necesidad es mucho más urgente que antes. La política monetaria seguirá haciendo su trabajo –agregó-, pero los efectos secundarios a medida que avanza, son cada vez más visibles”. Las perspectivas –concluyó- han empeorado, especialmente para la manufactura. La inflación ya no está en camino de alcanzar nuestro objetivo. Las políticas funcionarán, puntualizó, aunque a un ritmo más lento que si los gobiernos gastaran más (01/10/19).

La actualización de las previsiones de actividad económica para 2019 y 2020 de la Organización Mundial de Comercio (OMC) entregadas al comenzar octubre, constataron un fuerte decrecimiento del comercio mundial, disminuyéndolo de 2,6% hace seis meses a solo 1,2%. Alertando que podría descender hasta 0,5% de prolongarse las tensiones comerciales y la incertidumbre. Los “sombrías previsiones –expresó Roberto Azevedo, su director general- son descorazonadoras, pero no inesperadas” (02/10/19). A ello se añade, señaló, la ralentización de la economía global, destacando que a la fecha las relajaciones de las políticas monetarias en los países desarrollados no han tenido impacto en el comercio global.

 

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