Sólo la calidad política y la unidad cultural  llevarán a la izquierda a un ineludible triunfo electoral.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

28/08/2019. La derecha se ha caracterizado a través del tiempo por su intolerancia, intrascendencia política y mediocridad cultural. Cuando no tiene argumentos para refutar lo indesmentible, simplemente ataca con diatribas inexplicables. No percibe sus visos autoritarios, uniformes rojos incluidos, que están conduciendo al país a una gran crisis social y económica. En este tiempo deslucido políticamente, el Partido Comunista de Chile, uno de los partidos que más resalta por su calidad política, que cuenta con una militancia consecuente, estudiosa, visionaria, vanguardista e innovadora, además de una solidaria humanidad, sigue confirmando que es un partido ético, en el cual se mantienen inalterables sus principios e ideales, erigiéndose como el eje esencial para alcanzar una democracia consolidada y desarrollada. El Partido Comunista tiene la calidad y la fuerza necesaria para seguir expandiendo, junto a una nueva y real izquierda, sólida y definida, el concepto substancial de la Unidad para el Cambio, unidad que deberá seguir enarbolando voluntades para un definitivo cambio económico y constitucional.

La derecha, ideológicamente enfocada a explotar al pueblo trabajador, sabe que jamás podrá desafiar la lucidez política y cultural del Partido Comunista, partido emblema de la pureza doctrinaria y del sacrificio histórico, partido que continúa enfrentando meridianamente a una derecha indefinida y desnuda de valores humanísticos, a una derecha inhábil para desprenderse de los rescoldos dictatoriales.  Los controvertidos acontecimientos que se suceden por estos días, entre otros, la aprobación de la reforma tributaria en la Cámara de Diputados(as), apoyada extrañamente por una anfibológica mayoría del Partido Demócrata Cristiano, además de las abstrusas declaraciones del Ministro del Trabajo por la disminución del horario laboral, la ineficacia de la gestión comunicacional del gobierno que conlleva actitudes soberbias e intransigentes y una palmaria crisis  que está socavando las bases democráticas de una buena educación pública, no hacen más que corroborar la inoperatividad gubernamental,  propia de un régimen capitalista explotador que no entiende absolutamente nada de calidad política. El actual gobierno sigue demostrando que carece  de arraigo popular y de vivencias traslúcidas. La izquierda real debe construir, no sólo a nivel nacional sino en toda América Latina,  una gran adhesión de la ciudadanía progresista que rechaza la corrupción y el modelo neo capitalista, izquierda que tiene una gran oportunidad para volver a gobernar y consolidar las aspiraciones legítimas de países pauperizados y agotados de tanta injusticia. Los países latinoamericanos, Chile en particular, están avasallados por una modalidad de lógica empresarial, sumidos en un sistema que es una befa para el pueblo pobre y estepario que carece de verdad humana. El empresariado se adueña de una sociedad barbarizada, precarizada e insensibilizada por el consumismo y, por lo tanto, con disfunción cultural, de una sociedad que cree que el dinero lo hace todo, de una sociedad que deja de lado los fraternos saberes fundamentales y la dignidad humana. Este es el triunfo de la derecha económicamente poderosa. No podemos permitirlo. Sólo la calidad política y la unidad cultural  llevarán a la izquierda a un ineludible triunfo electoral.

 

 

 

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