Desde posturas reformistas a posiciones de subordinación a la derecha.

 Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

 25/08/2019. La Democracia Cristiana nace formalmente en julio del año 1957, aunque sus orígenes se remontan al año 1937, cuando un grupo de jóvenes dirigentes se desprende del Partido Conservador para organizarse en la llamada Falange Nacional, denunciando que su partido de origen no recogía los planteamientos de la doctrina social de la iglesia católica (Encíclicas Rerum novarum-1891-de León XIII y Quadragesimo anno-1931- de Pío XI) y en consecuencia, los problemas sociales de los “sectores populares” eran recogidos y reivindicados por marxistas, que no sustentaban una visión desde el evangelio del orden social. Encuentran sustento filosófico en la obra de Jacques Maritain, que en su escrito “Humanismo Integral” llama a los laicos a comprender que su acción política social es decisiva para la preservación del cristianismo, amenazado por el liberalismo capitalista y el ateísmo marxista, ya que ambos impedían  el desarrollo de la persona “conforme a la naturaleza humana”.

La teoría del “camino propio” encuentra allí su sustento y es llevada a la práctica política el año 1958, levantando la candidatura presidencial del entonces senador y líder indiscutido Eduardo Frei Montalva, quien logra poco más de un 20% de los sufragios presentando un proyecto de reformas, en oposición al proyecto liberal de Jorge Alessandri y la propuesta de transformaciones más profundas propiciadas por Salvador Allende. Seis años más tarde, este proyecto reformista encabezado por Frei llegaría a La Moneda, pero con el apoyo de la derecha y significativos aportes económicos de la CIA, que lograron de esta manera impedir un triunfo de la izquierda encabezada por Allende.

A pesar de estos apoyos infectos, con perspectiva histórica, es preciso reconocer que en ese gobierno se implementaron algunas reformas significativas, tal vez la más importante de ellas sea la reforma agraria. (A propósito de coyunturas, recordemos que en este gobierno de Frei Montalva se legisló un impuesto al patrimonio, luego derogado en tiempos de la dictadura).

Después la historia ya es más conocida. Una fracción mayoritaria se une al complot de la derecha contra el presidente Allende; mira con simpatía en un primer minuto la dictadura militar; luego también mayoritariamente juegan un rol en la lucha por recuperar la democracia; emergen de la dictadura como el partido más significativo, encabezando los dos gobiernos post dictadura, pero a contar del 2001 dejan de ser el partido más votado,perdiendo votación, hasta lograr menos de un 6% de los votos en su última aventura presidencial, en la  cual resucitan la tesis del “camino propio”.

Si hubiese que definir a la Democracia Cristiana en Chile por la posición que ha tenido estos algo más de 50 años de existencia, deberíamos decir que ha tenido una política pendular moviéndose desde posturas reformistas a posiciones de subordinación a la derecha. La viabilidad estratégica de un “camino propio” es sin duda algo que corresponde a su militancia, pero al apoyar hoy en la Cámara de Diputados una contra reforma tributaria que favorece al 1% más rico de la población, surgen reacciones como las del diputado Raúl Soto, el cual explicando su renuncia a la militancia señala: “…hemos sido testigos de una jornada triste en la historia de nuestro partido…la dirigencia de la DC ha sostenido que con el acuerdo impulsado por el Partido se generan compensaciones cercanas a los 400 millones de dólares. La pregunta que Fuad Chahin no responde es cuántos cientos de millones de dólares en recaudación fiscal se pierden…el acuerdo que algunos colegas de Bancada han asumido en esta materia con el gobierno no sólo se aleja de nuestros planteamientos oficiales como Partido, sino que derechamente se enfrenta a nuestras más profundas convicciones de justicia social y pugnan de forma abierta con nuestros acuerdos ideológicos vigentes…no nos correspondía salvarle esta contra reforma al gobierno, lo que nos correspondía, por mandato expreso de la Junta Nacional, era defender lo avanzado en el gobierno de coalición del cual formamos parte…”. En otras circunstancias históricas bastante más dramáticas, fueron también 13 dirigentes de este Partido quienes levantaron su voz oponiéndose al golpe militar que la mayoría de la dirigencia DC aplaudía.

En lo puntual, valorando la actitud del diputado Soto y de mucha militancia demócrata cristiana, lo que queda claro es que la conducta del señor Chahin hace hoy inviable cualquier acuerdo electoral que signifique apoyo a cualquier militante demócrata cristiano que se postule a alcalde o gobernador, más allá de los méritos personales que tenga. El péndulo orientado por la actual dirección DC pareciera subordinarse a la derecha. La unidad más amplia de la oposición obliga a fortalecer nuestro acuerdo de UNIDAD PARA EL CAMBIO a lo largo del país como esfuerzo principal.

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