40 horas para una mejor educación

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40 horas para que la crianza, la educación, sea un verdadero goce. 40 horas para que la escuela no sea concebida como guardería para quienes no ven otra forma de descanso.

Raúl Roblero

Profesor de Historia

20/08/2019. Conciencia plena se debe tener en que puntos 2 y 6 de nuestro petitorio – agobio laboral y fortalecimiento del sentido educativo, y una escuela democrática, profesional y especializada, respectivamente – son de imposibles logros si es que solo llevamos en alto las banderas del gremialismo , si nos atomizamos, si no es que no nos unimos a un movimiento social más amplio, si es que no logramos una intensa unidad social y política; es esto una de las principales lecciones que nos dejó la última paralización.

Volviendo un poco atrás, el año 2014 se conforma una mesa de trabajo entre el MINEDUC y el CDP arrojando que “todas aquellas tareas que, dentro del marco legal actual, sobrepasan la jornada laboral y responsabilidades pedagógicas convenidas en las funciones del docente de aula” definen lo que es agobio laboral. Definición que, empero, queda chica al silenciar que nuestro trabajo aborda dimensiones tanto materiales como inmateriales, racionales y emocionales, sustanciales e insustanciales circunscritas en el desarrollo de nuestro trabajo educativo y en las relaciones de trabajo que generamos en nuestra comunidad y en el territorio en que ella se encuentra. Sostener y pretender que la educación se cierra dentro de las murallas de la escuela es seguir adosando peso en los profesores y profesoras al romantizar a ella misma como el espacio desde donde emergería una mejor civilización. Esta épica hollywoodense niega que la formación de la infancia y de la juventud no solo dependen del proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que también del proceso de aprendizaje-experiencia. Esto es, respectivamente, la formación del niño/a o joven no solamente es responsabilidad del cuerpo docente sino que también de la sociedad entera.

Tampoco podemos insistir en el fortalecimiento del sentido educativo sin fortalecer otras áreas de la sociedad, si no insistimos en el cambio de los pilares sociales y económicos que sostienen a la chilenidad actual, si ­no cambiamos los patrones que dificultan o, más bien, sobrecargan la faena pedagógica. Frente a esto, entonces, uno se cuestiona ¿cuáles son, ciertamente, nuestras responsabilidades pedagógicas? Si nuestro trabajo también es educar en actitudes y en valores basados en el humanismo, el respeto, la solidaridad, la hermandad, lo comunitario, la integración… la conviviencia democrática ¿no es sobrecarga tener que actuar sobre un piso valórico y actitudinal contrario a nuestras pretensiones, alejado de lo expuesto y que, si existe tal como lo requerimos,  está presente de manera disminuida? ¿No es sobrecarga remar todos los días en contracorriente cuando esos mismos valores, esos patrones culturales, están ausentes de otros espacios, de otras experiencias, de otras vivencias, de otras socializaciones en donde se desarrollan los niños, niñas y jóvenes? ¿Podemos lograr una escuela democrática sin una sociedad realmente democrática? Claramente no, el trabajo tiene que ser recíproco, simbiótico, sinérgico. Para lograr los fines que la escuela se propone, que los trabajadores de la educación nos proponemos, no debemos perder de vista que el cambio de las condiciones socioeconómicas actuales es necesario para el logro de una mejor educación, y en esto los y las apoderadas, las familias, tienes mucho que decir, aportar y construir.

En lo actual, la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales debemos tomarla como uno de los caminos que va en beneficio directo de una mejor educación, para un logro efectivo del punto 2 y 6, para poder desempeñar de mejor manera nuestro trabajo. Claramente esta medida no debe ser la única, pero sí es un gran aporte para lo que aquí hablamos. 40 horas para un mayor tiempo familiar. 40 horas para que las familias puedan destinar mayor tiempo a sus hijos e hijas. 40 horas para que haya un involucramiento mayor del apoderado, de la familia, en la vida escolar del estudiante. 40 horas para trabajadores menos estresados, más felices y con mayor tolerancia frente a sus retoños. 40 horas para que la crianza, la educación, sea un verdadero goce. 40 horas para que la escuela no sea concebida como guardería para quienes no ven otra forma de descanso y para quienes no pueden hacerse cargo de una infancia que está pidiendo a gritos auxilio. 40 horas para que niños, niñas y jóvenes tengan experiencias de vida más sanas, más enriquecedoras,  para que sus familias los puedan escuchar, para que la conversación sea posible, para que la experiencia de vida, parte fundamental del aprendizaje, toque realmente sus fibras. 40 horas para que los niños y niñas estén en primera fila. 40 horas para mejores condiciones de vida, para un menor agobio, para una mejor educación, para una mayor democracia.

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